Entre tu y yo no hace falta la ortografía, ni la estructura, ni la buena pluma.
Vale la intención, el abrir el corazón para entender tu manera de expresar,
vale el tiempo que me regalas para ofrecerme sin pose ni reglas tu compañía,
vale la fineza de tu pensamiento para transmitir lo que te preocupa y lo que te hace feliz,
vale más tu esfuerzo por hacerme sentir empatía y dejar al descubierto tal vez mi intolerancia.
Si con cada trazo de tu letra, se abrieran las puertas del buen entendedor otra cosa seria en nuestro rededor.
Atrapada por amarte
en tarde de otoño...
siento el deseo hirviente que
necesita desfogue,
las cápsulas de tu vida ante mi pasan,
película única entre tus ojos de lluvia
que me inundan.
Atrapada por amarte
en tarde de otoño...
caen a mi alrededor las canastas de sueños
en las que aún creo y me
aprisionan las rejas.
La carcelera impotencia
encañona el aroma de deseo que
impregna mi piel.
Atrapada por amarte
en tarde de otoño...
disimulo la pena y la lluvia que estaba en
tus ojos permea ahora los míos.
Me hice lluvia con
brillos de sol y
escape entre colores
que circundaron mi
cuerpo,
volando hacia la noche
donde volví a ser
lluvia negra,
madrugada sobre cuerpo,
transfiguración de caricias
sobre paredes de relámpago,
donde fui mujer arrodillada
tras el fango del deseo.
Hay un viento fresco afuera y me hace recordar aquella noche que te conocí, esa noche donde había estrellas y la luna estaba menguante, y este mismo viento que hoy vuelve me hace pensar en cuanto adoro esa noche; tal vez porque siempre que hay viento, te siento conmigo, siempre lo percibo, siempre estoy atenta a él, y siempre cuando hay me gusta ver los árboles de enfrente de mi casa, como se mueven sus hojas por el fantasma del viento, siempre te pienso cuando pasa eso, siempre digo tu nombre en mi mente, es como si el viento bailara junto a tu nombre entre las hojas y éstas se mueven al compás...
Si es tu voz Amor la sangre
que por ti corre,
el eco de las olas del mar.
Si somos voz a través de caricias
y carretas de besos,
déjame ser el parlante que nos
guíe por esta cauda de sueños.
Y si te compro la vida, me mirarás igual?
Y si te compro la vida, me dirás cosas dulces?
Y si te compro la vida, caminarás hacia mi?
Y si te compro la vida, aprietas mi mano?
Y si te compro la vida, sientes lo mismo?
Y si te compro la vida, escucharás mi voz?
Y si te compro la vida, tu boca dirá que me amas?
Y si te compro la vida, volverán tus recuerdos?
Y si te compro la vida, regresará la mía?
Desnudo frente al espejo mis sueños y
desenredando los corales de mi pelo te busco en la luna,
plata pura donde clavo mis pupilas para encontrar
un medio sol hundido.
Cristal de agua,
delfines blancos,
mi yo transfigura en ti.
Espejo que me trae sereno el anochecer
sobre mi cuerpo y a lo lejos otra pupila
A dónde vamos los humanos?
Desfilamos por las calles cargando con los pensamientos que se arremolinan en la mente, y hasta nos gastamos los bolsillos de tanto pensar.
A dónde nos conduce cada pensamiento?
Rincones extraños, rincones obscuros que sólo ven la luz cuando se les piensa.
Recibímos al Pequeño con amor,
para que él aprenda a amar.
Recibímos al Pequeño con obsequios,
para que él aprenda a dar.
Recibímos al Pequeño con felicidad,
para que su vida esté llena de ella.
Recibímos al Pequeño con fe,
para que a él no le falte.
Recibímos al Pequeño con esperanza,
para que aprenda a esperar.
Recibímos al Pequeño como a Cristo,
para que siempre se acompañen.
Seguiré aquí esperando por ti,
hasta que mis uñas dejen de crecer,
hasta que el atardecer no aparezca más.
Te esperaré como el día
espera el anochecer,
como las rosas esperan crecer.
Tomaré tu piel por un momento y haré de ella mi lienzo para escribir las líneas de mi tinta, líneas que hablarán a través de tus dermis, diciendo cuantas veces me he enamorado de ti y cuantas veces cuando la luna asoma en la ventana en nuestras noches de romance mi cuerpo y facultades me abandonan.
Te delinearé en verso cuantas veces te anhelé en silencio y cuantas noches tu recuerdo fue mi almohada.
Pintaré en tu dermis las tormentas que me azotan el interior cuando estás junto a mi, oleajes de pasión y amor encendido que me hacen naufragar.
Eres mi lienzo, lienzo viviente y perfecto que no necesita marco, porque el marco soy yo.
El amor cuelga de tus pestañas,
telarañas donde tejo mis sueños.
Soy china entre tus brazos,
no hay murallas que tirar.
Soy la mejor, como se dicen los
Argentinos por tener tu amor.
Soy francesa para poder decirte
Je t’aime mone amour.
Soy cubana, te invito un mojito
mientras te susurro al oído cuanto
te necesito.
Soy veneciana para navegar hacia
ti sobre esos canales de ensueño.
Soy americana y te grito I Love You
desde la gran manzana.
Soy Uruguaya, tierra donde nació el tango,
tierra que te vio nacer,
tierra que te pasea por ramblas y veredas
y te lleva entre sueños y quimeras.
Pero ante todo Soy Mexicana
y te quiero desde lo alto de mi
Cerro de la Silla y que ilumine
tu faz nuestro Faro del Comercio.
Desde el Popocatépetl al Izztachiuatl te quiero.
Te quiero con todo mis dialectos vivos
y muertos,
vestida de mil colores como mi gente
Oaxaqueña.
Te canto desde Plaza Garibaldi
con mil mariachis al lado
Cariño Nuevo y Que Bonito Amor.
Te quiero, como se quisieron aquellos
dos en el Callejón del Beso del
bello Guanajuato.
Te quiero desde las arenas blancas
Del Can Cún al Santuario Ballenero
y hasta Rosario, Sinaloa donde mi
Lola La Grande nació.
Te quiero a ojos cerrados de Tulum
y Chichén-Itza.
Te quiero en los rápidos de Matacanes
tan vertiginosos como has puesto a mi
corazón latir.
Te quiero como ama cada habitante
de cada país.
Soy sólo yo, pero te amo como cada uno
de ellos.
Las Horas, Virginia Woolf (Nicole Kidman)
Siempre los años...
Siempre el amor...
Siempre las horas...
Que pasa cuanto te pesa el amor,
te queman las horas,
te quema la ausencia.
Muero un poco cada noche y sobrevivo cuando el sol alumbra y la espera me consume al llegar la penumbra.
La noche se ha vuelto mi cómplice,
la que conoce mi secreto antes ignorado,
cuando me fue claro, lo rescaté del pántano,
lo presenté a mis sentidos y no sé
si es una bendición o un castigo,
me quema la ausencia y se trasmuta en infierno,
infierno que carcome mis entrañas y mis deseos.
Bendita la noche que me grita todo y no me reclama nada,
que escucha sin decirle y me calla sin suplicarle.
Pesa el amor como lastre,
como grilletes que te hace libre y a la vez te detiene;
te tiene entre sus velas y te echa al mar,
para después caer rendido sin siquiera poder suspirar.
Pesan las horas y su temible tic-tac...
El amor se vuelve añicos y se recobra con tu mirar.
La inspiración esta ahí afuera,
lejos de mis manos,
corriendo tal vez por
ramblas y veredas,
pisando hojas secas
caídas del otoño,
que se elevan al pasar y ese mismo
aire me invita a añorar
tal vez, un cálido abrazo
tal vez un simple mirar.
Sólo verás el pasado tras mi
espalda cuando me vaya.
Verás las imágenes pasar por ella
como río de recuerdos.
Yo, tal vez camine con la cabeza alta,
buscando en el firmamento tu presencia;
mis manos, las mismas que te acariciaron
tantas veces no cargaran nada,
sólo están vacías,
sólo cargan la vida pasada.
Ciégame al amor,
si bajo tus alas no me recreo,
si no encuentro en tu manto
el ideal deseado.
Ciégame la vida,
si no invento tras tu beso
el manantial de amor inmenso,
y si el caudal de tu pasión
no es cuerda que ate mi corazón.
Ciégame al canto,
si después de amanecer
en tu abrazo, no sientes el calor
que irradio.
Ciégame la vista,
si es que no encuentras en mi
mirada
tu figura reflejada.
Ciégame todo sentir,
si es que tengo que
vivir lejos de ti.
Ciégame Amore, ciégame!
Pero déjame anidar
dentro de ti.
Isadora de grandes vuelos,
Ninfa del Agua que deslizaste
tus incansables pasos por toda
Primavera, muéstrame tu pasión
tras ellos.
Si fuiste Ofelia de todas las Ofelias,
Whitman renacido en mujer,
poesía hecha danza en cada preludio.
Fuiste la Galatea y Dafne de todos los tiempos,
todas las vírgenes de Atenea y
todas las esposas de los dioses.
Fuiste la mujer hecha partitura,
signo grabado en papel y
hecho música al tocar el suelo.
Is-adora, amante de la obra,
fuiste creada para que la gloria
se reflejara en tu presencia, como
el Narciso que dejo huella.
Mientras el manantial del aire fresco besa mi cara, me recargo en la espalda de la noche donde me voy fumando la soledad y persigo en el vaivén de las hojas tu presencia.
Cómo colgarle a esta noche amiga que se mueve apacible, el vacío de mi nada…?
Cómo hablarle a ella de la incertidumbre que me aterra, de los bastiones de tu risa y los rayos de sol de tu enredadera…?
Cómo contarle de tu piel color arena y de cuantas veces desdoblo tu mirada…?
Noches tibias e inquitantes que oscurecen más la espalda de mi noche, interrogaciones sin respuesta que no calcinan el insomnio donde duermo abrazada a tu ausencia.
Te amo con este temblor que provocas en mi cuerpo,
cuando tus palabras acarician mi corazón.
Te amo con esta ansia implacable por besarte.
Te amé con toda la lluvia que brotó de mis ojos.
Te amé y reté al viente que azotó mi cara,
queriendo apartarte de mí.
Te amé en cada noche apacible,
donde no hay grillos y flotabas alrededor mío.
Hoy no quiero más noches tranquilas alumbradas sólo de luna y estrellas,
queman mi piel y me gritan que no estás,
noches sin susurros que
se burlan de mí.
Que regrese el viento que reté, del cual te defendí,
que me lleve ahora con él,
que me arranque las palabras que depositaste en mí.
Dónde estás, oh vento cruel y dulce,
yo que tanto te odié
por querer arrebatarme todo,
hoy te imploro que destajes el cuerpo y recuerdo,
llévate lo poco que queda de mi.